El verdadero objetivo de la persecución al homeschooling

Cuando el gobierno, los asistentes sociales o las escuelas presionan a las familias que hacen homeschooling para que escolaricen a sus hijos, la narrativa oficial suele centrarse en el “interés superior del niño” y en su “derecho a la educación”. Sin embargo, si analizamos la situación con más profundidad, resulta evidente que la verdadera preocupación no es el bienestar del niño ni su acceso al conocimiento, sino la necesidad del sistema de mantener a los niños dentro de su estructura institucionalizada.

La educación tradicional no es solo un medio de enseñanza, sino también una herramienta de control social. Los niños pasan la mayor parte de su tiempo en instituciones que los moldean bajo un esquema de obediencia, donde se premia la sumisión y la conformidad, y se castiga la independencia y el pensamiento crítico. No es casualidad que la escolarización obligatoria se haya expandido junto con la industrialización, cuando se necesitaban ciudadanos obedientes para encajar en un sistema productivo rígido. El homeschooling rompe con esta lógica, permitiendo que el niño aprenda de manera más personalizada, según sus intereses y ritmos, sin estar sujeto a la homogeneización del aula.

Las pruebas de esta persecución son claras en la forma en que se evalúa a los niños homeschoolers en comparación con los niños escolarizados. Cuando alguien se entera de que un niño no asiste a la escuela, inmediatamente siente la necesidad de “comprobar” si realmente está aprendiendo. “Así que estás en cuarto grado, a ver, ¿cuánto es 12 por 36?”, preguntan con escepticismo. Pero esta misma actitud no se adopta con los niños escolarizados. Nadie detiene a un niño que asiste a la escuela para someterlo a un interrogatorio académico aleatorio. En su lugar, les preguntan cuál es su materia favorita o qué notas tienen en su libreta, reforzando la idea de que su único valor radica en ser estudiantes obedientes y en cumplir con los estándares establecidos.

El objetivo no es realmente verificar que los niños aprendan, sino sembrar la duda y la inseguridad en los padres homeschoolers. Nunca se pregunta a estos niños qué les interesa, en qué proyectos están trabajando o qué habilidades han desarrollado últimamente. El sistema no está diseñado para valorar el aprendizaje autodirigido, sino para asegurar que todos los niños sigan un mismo camino predefinido.

La verdadera pregunta que debemos hacernos es: si el sistema educativo realmente se preocupase por el aprendizaje de los niños, ¿por qué no aplican el mismo nivel de escrutinio a los estudiantes escolarizados? ¿Por qué nunca cuestionan el hecho de que muchos de ellos no retienen lo que memorizan para los exámenes, que muchos terminan la escuela sin habilidades prácticas ni pensamiento crítico? La respuesta es simple: porque la educación obligatoria no trata solo de enseñar, sino de formar ciudadanos dóciles y controlables. Y cualquier familia que se salga de ese molde representa una amenaza para esa estructura.

El homeschooling no solo permite una educación más libre y personalizada, sino que también desafía el modelo tradicional de control sobre la infancia. Es por eso que el sistema lo combate con tanta fuerza: porque representa la posibilidad de que los niños crezcan sin depender de él.

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